Derechos Sociales

Rechazo a Trump y soberanía diplomática: el gesto que Milei no bancó

Dos hombres jóvenes miran un partido de fútbol en un bar porteño con diario sobre la barra.
Dos hombres jóvenes miran un partido de fútbol en un bar porteño con diario sobre la barra.

Datos clave

  • Argentina cambió su voto histórico contra el bloqueo a Cuba en la ONU en 2024 (Cancillería)
  • Milei realizó más de 10 viajes a EE.UU. en su primer año de gestión (Presidencia)
  • Cuti Romero es defensor titular de la Selección campeona del mundo 2022 (AFA)
  • Licha López jugó en Atlético de Madrid y Villarreal, hoy en Fundación Cantera
  • El 63% de argentinos rechaza el alineamiento automático con potencias, según Zuban Córdoba 2024

Por qué el rechazo a Trump reabre el debate sobre soberanía diplomática argentina

El rechazo público de futbolistas argentinos a fotografiarse con Donald Trump funciona como contrapunto simbólico al alineamiento automático que la Cancillería de Javier Milei mantiene con Washington desde diciembre de 2023. En un contexto donde Argentina votó junto a EE.UU. contra el bloqueo a Cuba y respaldó posiciones israelíes en la ONU rompiendo tradiciones de política exterior autónoma, cualquier gesto ciudadano de distancia frente a Trump adquiere valor político.

El gesto que incomodó al oficialismo

Cuando trascendió que Lisandro "Licha" López y Cristian "Cuti" Romero habrían optado por no participar de una fotografía con Donald Trump durante un evento vinculado al fútbol mundial, la reacción no tardó. En redes, la militancia libertaria acusó a los jugadores de "ideologizar el deporte", mientras que sectores del progresismo leyeron el gesto como una toma de posición coherente con la tradición de la Selección: la del abrazo con Maradona levantando la bandera contra las Malvinas, la del respeto por los símbolos populares.

Es cierto que un gesto individual no define una política de Estado. Pero también es cierto que en un país donde el Presidente se abraza con Trump, agita motosierras en la CPAC y baja cuadros de próceres de la Casa Rosada, cualquier acto que discuta ese marco pasa a tener espesor político. Los jugadores no dieron discursos: solo eligieron dónde poner el cuerpo. Y eso, en 2024, ya es una declaración.

La reacción del oficialismo confirmó la lectura. La cuenta oficial de La Libertad Avanza y varios funcionarios amplificaron la idea de que "los futbolistas deberían dedicarse a jugar". La misma línea, curiosamente, que hace décadas se usaba contra los deportistas que se solidarizaban con causas populares.

Lo que dicen vs. lo que hacen: la Cancillería en piloto automático

Desde diciembre de 2023, la política exterior argentina se rediseñó bajo un principio único: alinearse con Estados Unidos e Israel, romper con Brasil y con China cuando sea posible, y despreciar cualquier espacio multilateral que no responda a ese eje. El caso más elocuente fue el cambio de voto argentino sobre el bloqueo a Cuba en Naciones Unidas, tradición que había sostenido incluso el gobierno de Mauricio Macri.

Esta reorientación tuvo costos concretos. La demora en acuerdos con China por el swap de monedas, las tensiones con el Mercosur, las declaraciones desafortunadas del Presidente sobre líderes regionales (desde Petro hasta Sánchez) y el silencio ante la escalada en Malvinas ilustran un patrón. Como analizamos en Malvinas y Milei: la escalada de tensión que la Cancillería no ve, la doctrina del alineamiento automático deja al país sin margen de maniobra frente a potencias que no siempre juegan a favor.

En ese marco, gestos como el de Licha y Cuti no son anécdotas: son grietas simbólicas en un relato oficial que pretende presentar la subordinación como "inserción internacional inteligente".

La tradición diplomática que Milei desarma

Argentina construyó, con marchas y contramarchas, una tradición diplomática que reconoce hitos claros: el rechazo al ALCA en Mar del Plata en 2005, la integración regional vía Unasur y Celac, la relación pragmática con EE.UU. sin sumisión, el reclamo permanente por Malvinas en foros multilaterales. Esa tradición no fue kirchnerista en exclusiva: tuvo elementos peronistas, radicales e incluso conservadores.

El mileísmo la desarma de un plumazo. Como planteamos en Del thatcherismo al mileísmo: por qué el modelo neoliberal fracasa, la política exterior es la extensión natural de un proyecto económico dependiente. Si la economía se abre sin protección, si el endeudamiento vuelve a ser la única "ancla", si el mercado interno se destruye, entonces la diplomacia se transforma en gestión de la subordinación.

Algunos ejemplos del último año:

  • Voto argentino contra la resolución que condena el bloqueo a Cuba (ONU, 2024).
  • Abstención o alineamiento con Israel en votaciones sobre Gaza pese al derecho internacional humanitario.
  • Retirada de Argentina de negociaciones climáticas en la COP.
  • Enfriamiento del vínculo con Brasil, principal socio comercial.
  • Discurso presidencial en la CPAC junto a la extrema derecha global.

El fútbol como territorio en disputa

El fútbol argentino nunca fue un espacio neutral. Desde el Mundial 78 hasta el gesto de Maradona a los pibes de Malvinas, pasando por el reclamo por Julio López desde una cancha o los homenajes a las Madres, la pelota siempre dialogó con la política. Pretender lo contrario es una operación ideológica más.

Los jugadores actuales lo saben. Messi levantó la bandera contra Malvinas en Qatar. La Selección se paró contra el racismo cuando lo padeció en Brasil. Y ahora, si la información se confirma, Cuti y Licha eligen no prestar el cuerpo a una foto con un dirigente que representa lo peor de la política internacional: xenofobia, misoginia, negacionismo climático, ataques a la democracia.

No hace falta que sean militantes. Alcanza con que sean coherentes. Y esa coherencia expone, por contraste, la incoherencia de un gobierno que dice defender "la libertad" mientras se abraza con quien impulsa deportaciones masivas y ataca a la prensa independiente.

Costos concretos del alineamiento automático

El relato oficial insiste con que la relación privilegiada con EE.UU. traerá inversiones, dólares y prosperidad. Los datos, hasta ahora, dicen otra cosa. El Tesoro estadounidense no destrabó ningún desembolso extraordinario, el FMI mantiene sus condiciones ajustadoras, y las inversiones prometidas siguen siendo, en su mayoría, cartas de intención sin fecha.

Mientras tanto, como documentamos en Endeudamiento externo y dependencia financiera con Milei: la trampa, la deuda sigue creciendo, el swap con China se enfría y el país pierde márgenes de negociación. La "inserción" es, en los hechos, una dependencia más profunda.

Y hay costos que ni siquiera se contabilizan en dólares: la pérdida de prestigio en foros multilaterales, el aislamiento regional, la ruptura con socios históricos, el descrédito de la palabra argentina cuando se defienden causas como Malvinas. Todo eso, según encuestas recientes, empieza a incomodar incluso a votantes del propio oficialismo.

Qué significa hoy defender la soberanía diplomática

Defender la soberanía diplomática en 2024 no implica romper relaciones con EE.UU. ni idealizar bloques. Implica algo más sencillo y más difícil: negociar desde el interés nacional, sostener autonomía en votaciones multilaterales, integrar la región como plataforma común, y no confundir amistad personal del Presidente con política de Estado.

Esa fue la tradición que construyeron dirigentes tan distintos como Juan Perón, Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner. Con estilos y contradicciones, todos entendieron que la política exterior es demasiado importante como para reducirla a una selfie con el líder de turno de Mar-a-Lago. Como recordamos al analizar la extranjerización de tierras, la soberanía no es un adorno retórico: se juega en decisiones concretas.

El gesto de Licha y Cuti, en ese marco, es apenas un capítulo. Pero es un capítulo que muestra que hay una sociedad que todavía distingue entre gobernar un país y ser fan de una potencia. Que hay ciudadanos —incluso famosos, incluso millonarios— dispuestos a marcar un límite. Y que ese límite existe, aunque la Cancillería mileísta pretenda que no.

Un debate que recién empieza

El caso, más allá de sus protagonistas, abre una discusión pendiente: ¿cuánto está dispuesta a resignar Argentina para agradar a Washington? ¿Qué gana concretamente con esa subordinación? ¿Qué pierde en autonomía, en credibilidad, en capacidad de defender sus recursos y su gente?

La respuesta no la van a dar los futbolistas, ni deberían. La tienen que dar los ciudadanos, en las urnas y en la calle. Los jugadores solo hicieron lo que hace cualquier persona con criterio: elegir con quién sacarse una foto. Y eso, en tiempos de alineamiento automático, ya es un acto político. En tiempos donde se abandonan derechos sociales conquistados, sostener la dignidad —aunque sea en un gesto— también es resistencia.

Relacionado: La historia del movimiento por los derechos sociales en Argentina: un siglo de luchas — otra mirada sobre el mismo tema.

Fuentes citadas

  1. Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina — Comunicados oficiales sobre votaciones en organismos multilaterales.
  2. Naciones Unidas — Registro de votaciones en Asamblea General incluyendo la resolución contra el bloqueo a Cuba.
  3. Página/12 — Cobertura de política exterior y análisis del alineamiento automático.
  4. Zuban Córdoba y Asociados — Consultora que releva percepción social sobre política exterior argentina.

Preguntas frecuentes

¿Qué pasó exactamente con Licha López y Cuti Romero?
Trascendió que ambos futbolistas habrían optado por no participar de una fotografía con Donald Trump en un evento vinculado al fútbol. El gesto, aunque discreto, se leyó como un posicionamiento personal frente a una figura política polémica y generó reacciones cruzadas.
¿Por qué el gesto tiene relevancia política si es individual?
Porque ocurre en un contexto de alineamiento automático del gobierno argentino con EE.UU. Cualquier acción pública que discuta ese marco adquiere peso simbólico, especialmente cuando proviene de figuras con fuerte visibilidad como los campeones del mundo.
¿Cómo cambió la política exterior argentina desde 2023?
El gobierno de Javier Milei rompió con tradiciones diplomáticas históricas: cambió el voto contra el bloqueo a Cuba, se enfrió la relación con Brasil y China, se profundizó el alineamiento con Israel y Estados Unidos, y se abandonaron espacios multilaterales.
¿Qué costos concretos tiene el alineamiento automático con EE.UU.?
Hasta el momento no se tradujo en desembolsos extraordinarios ni en inversiones significativas. Sí implicó pérdida de márgenes de negociación con China, enfriamiento con socios regionales y descrédito en foros multilaterales donde Argentina defendía causas como Malvinas.
¿Es habitual que deportistas argentinos se posicionen políticamente?
Sí. Desde el gesto de Maradona por Malvinas hasta los reclamos por Julio López desde canchas, el fútbol argentino tuvo históricamente una dimensión política. Pretender que sea un espacio neutral es en sí mismo una operación ideológica.
¿Qué significa defender la soberanía diplomática hoy?
No implica romper con nadie, sino negociar desde el interés nacional, sostener autonomía en votaciones multilaterales e integrar la región. Es lo opuesto a confundir la amistad personal del Presidente con la política de Estado.