Derechos Sociales

Burlarse de Cristina: el machismo de Estado en acción

Mujeres y jóvenes disidentes frente a un centro comunitario porteño con carteles artesanales
Mujeres y jóvenes disidentes frente a un centro comunitario porteño con carteles artesanales

El chiste que no es un chiste

Javier Milei eligió el momento del triunfo deportivo de la Selección Argentina para deslizar una burla sobre la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner. Según El Intransigente, la palabra que usó fue "sufrió", dicha con ese tono que mezcla regodeo y condescendencia que el actual gobierno ha elevado a método de comunicación política. Podría interpretarse como una chicana más en el barro de la grieta. Pero hay algo más denso ahí, algo que merece nombrarse con precisión: lo que Milei practicó ese día es violencia política de género.

No es una categoría inventada para defender a una ex presidenta específica. La Ley 27.533, sancionada en 2019, incorporó la violencia política de género como modalidad específica dentro de la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres. La norma define como tal toda conducta que, basada en razones de género, menoscabe o anule el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos políticos de las mujeres. Reírse públicamente del sufrimiento de una mujer que ejerció la primera magistratura del país, desde el cargo de Presidente de la Nación, encaja en esa definición con una comodidad que debería incomodar a cualquier demócrata.

El poder y las que se atreven a tomarlo

Hay una constante histórica que el feminismo lleva décadas documentando: cuando una mujer accede al poder real —no al poder decorativo, sino al poder que toma decisiones que afectan millones de vidas—, la respuesta del sistema es deslegitimarla por todos los medios disponibles. Primero se cuestiona su capacidad, luego su salud mental, luego su vida afectiva, y cuando todo eso falla, se celebra cualquier mecanismo que la saque del tablero.

Cristina Kirchner fue presidenta dos veces. Impulsó la Asignación Universal por Hijo, la ley de matrimonio igualitario, la Ley de Identidad de Género —una de las más avanzadas del mundo en su momento—, y una política de derechos humanos que el movimiento feminista internacional reconoció como modelo. Se puede coincidir o no con su gestión económica, con sus alianzas, con sus decisiones. Pero lo que no se puede hacer —o no se debería poder hacer desde la Presidencia— es regodearse públicamente con su calvario judicial como si fuera un gol en tiempo de descuento.

Ese regodeo tiene nombre. Y ese nombre es violencia.

Quiénes pagan el costo del ejemplo

Aquí es donde el análisis de género se vuelve urgente más allá de la figura de Kirchner. Cuando el presidente de un país normaliza la burla sobre una mujer que ejerció el poder, el mensaje que baja a toda la sociedad es claro: esto es lo que le pasa a las que se animan. Ese mensaje no llega solo a las dirigentes políticas. Llega a la piba de 17 años en un bachillerato popular del Conurbano que piensa en candidatearse a delegada estudiantil. Llega a la concejala de un municipio del interior que está armando su primer bloque. Llega a la referenta travesti-trans que milita en su barrio y que sabe que, si da un paso más, va a recibir escarnio público multiplicado por su identidad.

Las mujeres trans y travestis, en particular, conocen de sobra el mecanismo: el Estado como aparato de humillación. Durante décadas fueron detenidas por la policía con edictos contravencionales, expulsadas del sistema de salud, invisibilizadas en los registros del INDEC. La Ley de Identidad de Género de 2012 fue un quiebre real, pero la expectativa de vida de una mujer trans en Argentina sigue rondando los 35 años, según datos relevados por organizaciones como ATTTA y la Federación Argentina LGBT. Ese dato brutal convive con un presidente que se ríe del sufrimiento ajeno y llama a eso libertad.

El ajuste tiene cara de mujer —y de disidencia

El contexto no es neutro. El gobierno de Milei desarticuló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, que había sido creado en 2019 y que coordinaba políticas de prevención de violencia, acompañamiento a víctimas y formación en perspectiva de género en organismos del Estado. Esa decisión no fue un recorte técnico: fue una declaración política. El Estado le dijo a las mujeres y disidencias que sus derechos son prescindibles en nombre del equilibrio fiscal.

Las que más sufren ese ajuste no son las que tienen acceso a recursos privados. Son las que dependen del Estado para sobrevivir: las que llaman al 144 porque no tienen adónde ir, las adolescencias trans que necesitan acompañamiento en el sistema de salud pública, las migrantes que no tienen redes de contención y que enfrentan violencia sin documentación en regla. Para todas ellas, el desguace del Ministerio no fue un dato de la macroeconomía: fue el cierre de una puerta que, en muchos casos, era la única.

Memoria, género y la larga duración

Hay una tradición en el movimiento de derechos humanos argentino que entiende que la memoria no es un ejercicio nostálgico sino una herramienta política del presente. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo lo enseñaron: nombrar lo que pasó es la condición para que no vuelva a pasar. Ese principio aplica también al análisis de género.

Nombrar la burla de Milei como violencia política de género no es un exceso retórico. Es precisamente lo que permite que las generaciones que vienen tengan un vocabulario para reconocer el patrón cuando vuelva a aparecer —y va a volver a aparecer, porque los patrones de dominación son persistentes. La diferencia entre una sociedad que avanza y una que retrocede está en la capacidad de llamar a las cosas por su nombre.

El triunfo de la Selección merece festejo. El sarcasmo presidencial sobre el sufrimiento de una mujer, no. Esa distinción no debería ser difícil de sostener para nadie que se reclame demócrata, independientemente de su signo político. Que resulte difícil para el propio Presidente dice mucho sobre el proyecto de país que encarna.

Fuentes citadas

  1. El Intransigente — Milei se burló de Kirchner — Nota original que da contexto al hecho puntual abordado en el editorial.
  2. Ley 27.533 — Violencia política de género (InfoLEG) — Marco legal que incorpora la violencia política de género a la Ley de Protección Integral a las Mujeres.
  3. Ley 26.743 de Identidad de Género (InfoLEG) — Norma referenciada en el artículo como parte del legado de políticas de diversidad del período kirchnerista.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la violencia política de género según la ley argentina?
La Ley 27.533 incorporó esta figura a la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres. Define como violencia política de género toda conducta basada en razones de género que menoscabe o anule el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos políticos de las mujeres, incluyendo actos de hostigamiento y humillación pública.
¿Qué pasó con el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad?
El gobierno de Milei lo desarticuló en 2024, fusionando sus funciones residuales en otras áreas y eliminando su rango ministerial. Las organizaciones feministas y de diversidad denunciaron que esto implicó el desfinanciamiento de programas de prevención de violencia y acompañamiento a víctimas.
¿Por qué el análisis de género aplica a este caso aunque se trate de una ex presidenta poderosa?
Porque la violencia política de género no discrimina por nivel socioeconómico ni por poder acumulado. El mecanismo de humillación pública dirigido a mujeres que ejercen o ejercieron poder tiene efectos simbólicos sobre todas las mujeres y disidencias que aspiran a participar en política, especialmente las que tienen menos recursos para resistir el escarnio.
¿Cuál es la expectativa de vida de las mujeres trans en Argentina?
Según relevamientos de organizaciones como ATTTA y la Federación Argentina LGBT, la expectativa de vida de mujeres trans y travestis en Argentina ronda los 35 años, cifra que refleja el impacto acumulado de la exclusión del sistema de salud, la violencia institucional y la marginalización económica.
¿Defender a Cristina Kirchner es lo mismo que criticar la burla de Milei?
No necesariamente. Se puede tener cualquier posición sobre la gestión o la situación judicial de Kirchner y al mismo tiempo señalar que un presidente que se mofa públicamente del sufrimiento de una mujer está ejerciendo violencia política de género. Una cosa es la evaluación política; otra es el estándar democrático mínimo de trato entre actores institucionales.